Lo sagrado en tiempo de abundancia

Gracias por ayer

PARTE DEL SALUDO MATUTINO EN LA FAMILIA KABRÉ DE KOKOLOGHÓ
Samuel W Ouédraogo, Burkina Faso

 

En marzo del 2016 viajé a Burkina Faso. Que, por cierto, significa la tierra de los hombres íntegros. Pero solo lo comento porque es algo que me llamó la atención, lo que quería era centrarme en la clara sensación que allí se tiene en relación con la fragilidad de la vida y cómo esto marca nuestra forma de vivir y expresar la intimidad y la espiritualidad.

 

La fragilidad

Allí uno tiene claro que igual que está, puede no estar. No porque haya una sensación de peligrosidad, al contrario, uno se siente enormemente seguro en esas tierras. Lo que ocurre es que las condiciones son duras. Agua de pozo, sin electricidad, cuatro meses de lluvias, y corre que hay que conseguir alimento para subsistir los otros ocho meses de sequía.

Concretamente, estuve en Kokologhó y ahora quería deciros durante cuánto tiempo, por aquello de dar solidez al escrito, pero me doy cuenta de que no lo sé con precisión. Tendría que buscar los billetes de avión. Fueron entre ocho y diez días; allí el tiempo pierde importancia y por ahora no he tenido ganas de devolverle su lugar preferente. Espero que esto no reste credibilidad a lo que quiero contar.

 

La precisión

Lo que más ha perdurado en mí de esos días de convivencia con los Mossi es su hermosa manera de expresar y contemplar lo esencial: la profundidad, la potencia y la discreción de cada uno de sus gestos y movimientos. Todavía saboreo la manera en que la esencia está presente en cada momento y, al mismo tiempo, sigue invisible a la mirada acostumbrada al espectáculo.

Cuando llegué allí todo me parecía tan hermoso como caótico, sin orden ni forma. Pero poco a poco, como si cada día pudiera enfocar un poco mejor, empezó a hacerse visible un orden impecable. De repente, volví a sentir algo que aquí, en Europa, solo había sentido en contadas ocasiones; como durante el nacimiento de mi hija o durante la muerte de mi padre. Es esa sensación brutal y liberadora de que la vida es matemática, de que todo sucede con una precisión milagrosa. Un gesto lleva a otro, una mirada genera un movimiento que, a su vez, transforma tu mirada, y comprendes, y respondes. Y si no te mueves, si no comprendes, si no respondes; algo sucede, algún otro comprende y responde y eso te toca de nuevo. Así, sin que suceda nada espectacular, con un equilibrio y una sencillez sorprendente.

 

La aparición de lo sagrado

Nunca había sido tan consciente de cómo una vida tan tremendamente sencilla y evidentemente frágil, en la que uno se levanta y vive y ya está, es al mismo tiempo tan reverente e impregnada de sentido.

A partir de todas estas vivencias y gracias a un calor que te impide pensar con la lógica a la que estamos habituados, empecé a fijar mi atención en la relación que puede existir entre esta sensación de que la vida es frágil y esa presencia y expresión discreta, silenciosa y cotidiana de lo sagrado y lo íntimo.

Lo comenté con Víctor, un grandísimo conocedor de la cultura africana y culpable de que seis blancos aterrizáramos en el hogar de los hombres íntegros. Le pregunté si pensaba que esa escasez de recursos te lleva a economizarlo todo, también el gesto. Él me explicó que, efectivamente, había observado en sus múltiples viajes la gran diferencia entre los ritos de las regiones húmedas y las secas.

En las primeras, donde el alimento es abundante y fácil de obtener, los ritos son exuberantes y vistosos. Acceden a lo espiritual a través de danzas y cantos que les llevan al trance. En cambio, en las regiones donde conseguir alimento es una tarea que exige esfuerzo, planificación y colaboración, el rito es discreto y el contacto con lo sagrado está presente en lo cotidiano pero es prácticamente imperceptible. Se manifiesta a través de pequeños gestos y de la precisión con la que se usa la palabra, se puede percibir en la serenidad o determinación de un movimiento o en la profundidad de una mirada.

 

Efectos de la austeridad y la abundancia

Compartimos la sensación de que esta consciencia, de que cada movimiento tiene un impacto irreversible en la conservación, o no, de la vida, es lo que hace que estos hombres sean tremendamente atentos, prudentes y precisos: cuando se tiene que hacer algo se hace y punto, sin darle mayor importancia ni visibilidad. De que probablemente es por este motivo que sus ritos son sobrios, austeros y la mayoría invisibles a la mirada de quien llega de la cultura de la abundancia.

Igual que sucede con la expresión de sentimientos e intimidad; nada de demostraciones apasionadas de amor y devoción, pero sí una demostración continua, callada y firme de presencia, afecto y respeto. Pensamos que quizá gracias a la incertidumbre en la que están inmersos viven en esta continua contemplación, la mayor expresión de amor o, como dice Hillman, la mayor de las bendiciones.

Viendo también lo que ocurre en nuestra sociedad, parece como si hubiera una relación entre la abundancia material o, más bien, la fantasía de que la vida está asegurada, con la necesidad de exteriorizar o teatralizar lo relacionado con la intimidad, la espiritualidad y lo que consideramos sagrado.

 

•••

 

Probablemente he descubierto la sopa de ajo, pero lo revelador e inspirador de la experiencia me lleva a compartirla. Más allá de si es mejor una mayor exteriorización o una expresión menos vistosa, me parece interesante saber y recordar cómo los ambientes nos llevan a experiencias tan distintas de lo que significa ser humano. Y, al mismo tiempo, no puedo evitar decantarme por una de las dos opciones: me atrae lo discreto, lo casi imperceptible.

Un grand merci.

 

Tere Puig

 

 

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Reunión de médicos tradicionales en Kolda

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Obra de Steve Godfroyd

Devolver el reconocimiento a la medicina y a los médicos tradicionales

«Los médicos tradicionales en Senegal han colaborado durante años con las estructuras sanitarias para tejer un vínculo en bien de la salud de la población. Ahora es necesario que hagamos la segunda parte del trabajo: dar el reconocimiento y el lugar que merecen a la medicina y a los médicos tradicionales» Séku Baldé, psiquiatra y Responsable de educación para la salud en el departamento de Kolda.

 

Facilitamos que se realice una reunión a finales de noviembre, moderada por Séku Baldé y Marcel Monteil -nuestro Gestor de proyectos en Senegal-, con la asistencia de diez médicos tradicionales aproximadamente. El objetivo es iniciar un proceso de diálogo enfocado a la recuperación del reconocimiento de este sector de la medicina senegalesa.

Séku Baldé será la persona que encamine y cuide del recorrido que las conclusiones de la reunión generen. Marcel Monteil documentará el encuentro a través de escritos y material gráfico.

El presupuesto se destinará a:

  • Desplazamientos de los médicos tradicionales entre sus respectivas poblaciones y Kolda, donde tendrá lugar el encuentro.
  • Desplazamiento de Marcel Monteil desde Dakar a Kolda.
  • Dietas.
  • Remuneración del trabajo de Séku Baldé y Marcel Monteil.
  • Remuneración para la edición del material escrito y/o gráfico posterior al encuentro.

 

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